Las Películas Documentales.
Aproximaciones a la Realidad.

viernes, octubre 24, 2008

“Sally Gross. El placer de la quietud”: Danzad, danzad, benditos

“Mi madre no tenía idea de lo que pasaba. Ella sólo sabía leer números, mis padres eran analfabetos. Y cuando obtuve mi primera beca para estudiar arte, recibí un cheque..., y le dije: "¡mira, mamá!". Ella dijo: "Aquí pone 3.000 dólares, 3.000 dó-la-res, ¿quién te los dio?". Le dije que me lo habían dado para bailar. Y me contestó: "Sólo en los EE.UU. te dan dinero para tus pies..., te han dado dinero por tus pies, ¡por tan sólo usar tus pies!".
Sally Gross


Sally Gross. c. Peggy Eliot.

Decía el cineasta francés Dominique Delouche en la retrospectiva que el Film Society of Lincoln Center de Nueva York organizó sobre él a finales del mes de julio, que la primera vez que asistió a un ballet en la Ópera de París cuando era aún un niño, ya llegó a la conclusión de que aquellos seres que movían sus cuerpos con un dominio extraordinario eran sin duda gentes hechas de un material superior, más poderoso, portentoso y sofisticado.

Música y danza son áreas especialmente atractivas para el registro documental. Delouche ha consagrado casi toda su obra a reflejar el toque maestro del ballet clásico. Otros, como la directora Sumiko Haneda (una de las galardonadas con el Premio Madame Kashiko Kawakita, por su aportación al cine japonés, junto a nombres como Akira Kurosawa, Yohi Yamada, o Shohei Imamura), se han acercado a la danza entendiéndola como compendio de esfuerzo físico, belleza, sensibilidad, carácter, inteligencia, y tradición cultural. Fue en “Akiko, retrato de una bailarina”, donde acompañó los desvelos de Akiko Kanda. Su marcada personalidad y su intención de añadir a la danza un toque personal son características que también se le pueden atribuir a la coreógrafa neoyorquina Sally Gross.

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Corte de la película: Jennifer Dunning, crítica de danza del “New York Times”: “Sally participaba en un movimiento muy importante llamado Movimiento Judson de Danza Teatro. Era el comienzo de la danza pos-moderna en Nueva York, y es difícil medir la importancia que tuvo”.

Corte de la película: Deborah Jowitt, crítica de danza del “Village Voice”: “Era una fuerza poderosa que estuvo en escena del año 62 al 64. Había un clima muy vital donde se rompían tabúes, y se hacían declaraciones políticas sobre el arte, lo que una danza debería ser y lo que no debe de ser... Y quién podía ser un bailarín, en una especie de democratización del uso del cuerpo”.

Sally Gross, poco conocida en los centros de “rumorología” del escándalo es, sin embargo, una figura de talento sobrecogedor que ha protagonizado y concebido piezas de enorme fuerza visual y poética. Además le acompaña su cercanía creativa a los más que famosos Jack Kerouac y Allen Ginsberg, como en la película en la que aparecen los tres, titulada “Pull My Daisy” (pueden verla completa en este enlace). Y es que basta citar dos de sus obras, “Letter to Esther” (“Carta a Esther”) o “Stopped in her tracks” (“Detenida en sus huellas”), de las que hay copias en la biblioteca Lincoln Center de Nueva York, para dejarlo a uno obsesionado por largo tiempo, o quizá para siempre, con su trabajo.

Sally Gross: “En la película cuento que mi hermana murió de forma repentina, y yo estaba haciendo la mayoría de mis espectáculos en el estudio en aquel momento. La gente estaba al pie de las escaleras, lo que quiere decir que no mucha gente podía ver bien. Y una de las ideas fue colocar espejos sobre la escalera, para que la gente que estaba más atrás, si no me podía ver, podría ver mi reflejo en los espejos. Pensé que era una oportunidad para dar las gracias a mi hermana, y supe que nunca más iba a poder filmarlo. Mi hermana, de hecho, era la mayor, y yo la menor de 8 hermanos. Comprendí con el tiempo que ella hacía las veces de mi madre, y mi madre la de abuela. Así que fui muy afortunada porque me crié con mi madre y con mi abuela. Esto significó mucho para mí. Su pérdida fue devastadora y este vídeo fue una forma de tener, tan sólo volver a tener un momento con ella”.

Sally Gross. c. Eileen Travell.
Sally Gross, influida por el acervo japonés, ha impreso a su forma de entender el baile, el placer y la profundidad de algo poco atendido hoy en día: La lentitud. Y las máximas que transmite son: Austeridad, amor contenido, serenidad y presencia.

Corte de la película: Periodista: “Fui a ver una actuación suya y me enamoré. Era un dúo. Su hija, Sidonia, estaba sentada en una silla alta, y con mucho cuidado y lentamente Sally le cepillaba el pelo rizado. Pensé: guau, esto es realmente extraordinario. No sé por qué me impactó tanto. Era muy simple. Había dulzura, pero no caía en el sentimentalismo. Y pensé que alguien capaz de crear una danza sobre peinar el cabello de su hija, tenía que ser muy especial”.

La influencia en el baile de Sally Gross es variada y va desde el colorismo de la danza española y sus deseos de aprender flamenco, hasta la cultura vanguardista experimental norteamericana...

Sally Gross: “La película termina conmigo trabajando con el director de teatro experimental Joe Chaikin, que tuvo una gran influencia en mi vida. Analicé su trabajo durante muchos años. Su familia fue muy generosa permitiendo que utilizara la grabación de sus ensayos como documentación después de morir”.

... Y sobre todo han marcado su obra los acontecimientos más íntimos de su biografía, desde que su familia judío-polaca llegó sujetándose los bolsillos al Lower East Side del Nueva York de finales de los años 30, cuando vendía frutas con su padre por Manhattan.

Sally Gross, el placer de la quietud” es una película documental orquestada por Albert Maysles, el mítico impulsor del cine directo, cámara en mano, y sonido sincrónico, ese cine que amplió tanto el mundo del documental en la Norteamérica de los años 60, y que tuvo su reflejo en Europa con lo que se llamó cinema vérité, un cine que rompía esquemas colocando la cámara delante de la realidad. En este caso, a Albert Maysles le llamó la atención la realidad de la vida de Sally Gross que, durante 25 años, ha dirigido una pequeña compañía de danza. Cada año crea la coreografía de una nueva obra. La titulada “El Placer de la Quietud”, que da título y origen a esta película, le ha llevado nueve meses de preparación, como un parto.

Habla Albert Maysles: “Éste es un momento en que quiero dar las gracias a Sally. Ella fue una persona tan excelente, cooperativa y talentosa... Estoy contento porque filmamos algo de su arte, su quietud y su emoción. Completamente lo contrario a todos los movimientos y ejercicios gimnásticos de las imágenes que vemos en la televisión comercial, donde todo se está moviendo, pero nada sucede. Con Sally, cuando uno lo piensa, todo ocurre en el baile, y todo ocurre en el que mira, en tu corazón y en tu alma. A través de su particular mirada, uno puede conectar perfectamente con ella y con su talento”.

Hace unos años, el director de documentales Jon Else fue en busca de Albert Maysles para que colaborara con él en un proyecto llamado “Bajo Coste – Alta Calidad”. Como se imaginan, el objetivo era crear una película de no ficción utilizando la tecnología digital, y demostrar que se puede hacer una película impecable con un bajo presupuesto. Y, en el año 2004, Albert Maysles dio con la idea perfecta mientras atendía uno de los espectáculos de Sally Gross, y empezó a grabarlo a escondidas con la pequeña cámara digital que siempre lleva con él. En sus más de 50 años de carrera, Albert Maysles ha grabado distintos enfoques de la música y de la danza. La última vez, fue el cámara invitado por Martin Scorsese, para plasmar, en “Shine a Light”, el concierto de los Rolling Stones en el Teatro Beacon de Nueva York. Y ahora, Maysles está metido, junto al director Bradley Kaplan, en el estudio de grabación del grupo pop-punk “Full Out Boy”, del que el director no conocía absolutamente nada, y al que le separa un salto generacional de 50 años. Pero es lo mismo que le pasó en el año 1964, cuando recibió una llamada de una televisión británica en la que le preguntaban si le gustaría hacer una película documental sobre grupo de rock, recién llegado a Norteamérica, y llamado Los Beatles. Albert se apartó el teléfono un momento, se giró hacia su hermano David, y le preguntó: “Oye, ¿quiénes son Los Beatles?, ¿te suena que sean buenos?”. Pues ahora, con Sally Gross, se le planteó un nuevo reto.

Albert Maysles: “Quizá tengo una forma especial de mirar a la película y al arte de Sally, especialmente porque hace muy poco publiqué un libro con mis fotografías, de manera que soy ambos, fotógrafo y cineasta. Y Sally es igual en eso, con su quietud ella puede expresar lo que una fotografía, a veces mucho más de lo que puede expresar una película. Y a la vez, tiene movimiento, su arte es como la bendición de ver una película bien hecha”.

De izq. a dcha., Tanja Meding, Sally Gross, Albert Maysles y Kristen Nutile. c. Michael Hosenfeld.
Sally Gross crea sus obras a medio camino entre la exploración y el poema, para intentar que el público lea entre líneas. Para ella lo importante es la quietud, pero sin parar, y mientras uno aún sea capaz de mover aunque sea un dedo. “Sally Gross, el placer de la quietud” es un recorrido por su carrera, por el archivo de sus obras, y funciona como un río sentimental entre pasado y presente, gracias al montaje. Lo explica la codirectora, y también editora de la película, Kristen Nutile: “Llevó mucho, mucho tiempo hacerlo. Fue una obra difícil de editar, porque había mucho que contar con la película. No había ninguna manera de presentar la vida de Sally en una hora. Había tantas buenas escenas que podíamos incluir en la película... Así que por qué no vamos y venimos en el tiempo. Hay tanto en la vida de Sally que se refleja en su trabajo, que no era apropiado ser lineal”.

Las confesiones de Sally Gross, el desarrollo de su coreografía mientras prueba y experimenta y da libertad en los ensayos, la inspiración o la influencia en la danza de otras artes como la escultura y la literatura, y las declaraciones de críticos de danza, colaboradores, y amigos, hacen que esta película sea el primer acercamiento a una de las figuras claves de la vanguardia de la danza. Igual que en la poesía, las pausas dan ritmo a la lectura, en la danza de Sally Gross, la quietud es la que marca el movimiento. Y, poco a poco, tendrán cada vez más oportunidades de verlo ustedes mismos.
Lo cuenta la productora de la película, Tanja Meding: “Esta película se va a emitir en el Canal 13, de PBS. Estamos muy contentos. Empezamos hace un año con el estreno en Locarno, la película ha viajado por el mundo, Sally fue a Israel y a Ámsterdam a presentarla. Y una cosa más: Si quieren ver a Sally ‘en vivo’ marquen noviembre en el calendario”.

Sí, marquen noviembre para hacerse un viajecito porque “Sally Gross and Company” actuará con dos solos, un dueto, un trío y un cuarteto (cinco números en total en cada espectáculo), en el Joyce Soho Theater, de Nueva York, del día 13 al 16 de noviembre.

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"Night Mail", edición en dvd de coleccionista: Transporte de lujo para el correo nocturno

Leemos en la revista de fotografía “Viewfinder”, del Consejo de Cine y Vídeo de las Universidades Británicas, el anuncio de la edición en dvd para coleccionistas del clásico del documental inglés “Night Mail”, la maravilla de 23 minutos sobre los trabajadores del ferrocarril nocturno de correos, dirigido en el año 1936 por Benjamín Britten, con los versos de Wystan Hugh Auden.




El dvd de “Night Mail”, editado por el British Film Institute, y que se podrá adquirir a través de su página web, incluye cuatro películas más: Otra producción británica del mismo año, y de mismo compositor y poeta, llamada “The way to the sea” (“El camino al mar”). Dos producciones posteriores sobre el mismo tema del correo nocturno, tituladas “Spotlight on the Night Mail” y “Thirty Million Letters”. Y un homenaje del año 1986 titulado “Night Mail 2”, con los poemas de Blake Morrison.

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lunes, octubre 13, 2008

Clint Eastwood: "Como director me interesa la realidad porque a veces es mucho más interesante e increíble que la ficción"

La prensa ha recibido entusiasmada a Clint Eastwood, que ha presentado su última película, "Changeling", en la 46 edición del Festival de Cine de Nueva York. Changeling es una palabra que se utilizaba en los cuentos de hadas cuando se reemplazaba a un recién nacido por otro. En este caso, se refiere a la historia real de Christine Collins (interpretada por Angelina Jolie) que, en marzo del año 1928, en Los Ángeles, volvió a su casa y se encontró con que su hijo de nueve años había desaparecido.

Clint Eastwood aparece en la sala del teatro Walter Reade. Parece como si los ingenieros de Píxar hubieran hecho una obra maestra proyectando en tres dimensiones un fragmento de celuloide. Pero no. No es tan alto como le pintan, ni está tan caduco como algunos afirman...

Clint Eastwood: “Pero si me ha llevado toda la vida aprender a decir mi propio nombre...”.

... Ni es, ni mucho menos, tan serio como aparece en sus películas.

Clint Eastwood: “Oh, ¿quién dices?, ah, sí..., Angelina Jolie, me había olvidado...”.

A Clint Eastwood, como director, siempre le ha interesado contar historias pegadas a la realidad y a los sentimientos humanos. En el año 2003 dirigió, por ejemplo, la película documental “Piano Blues”, como parte de la serie homenaje al jazz producida por Martin Scorsese. Y en esta ocasión comienza reconociendo que lo que más le perturba a la hora de dirigir son los giros que dan las historias cuando éstas suceden en la vida real. Clint Eastwood: “Para mí, a veces la realidad es mucho más interesante que la ficción. El melodrama surge de las situaciones de la vida real. Ocurren cosas inesperadas que parecen increíbles. Lo que vive la protagonista, la auténtica Christine Collins, nos lleva de alguna manera de regreso a las películas con las que crecimos, como 'Gaslight' ('Luz que agoniza'), en la que la gente trata de torcerte la mente y decirte que las cosas no son como son en la realidad. Eso es exactamente lo que el Departamento de Policía hizo en este caso o trató de hacer a Christine Collins. En un determinado momento la convencieron –y tenemos fotos de ella sentada sonriendo con un niño de corta edad que no se parece en nada a su propio hijo-, pues lograron ponerla en esa situación, y luego la encerraron en lo que entonces llamaban un Pabellón Psicopático, y que ahora se llama un Pabellón Psiquiátrico. Eso fue lo que hicieron, porque pensaron que de esa manera la podían quitar de en medio. En aquel entonces no tenían la Era de la Información en la que vivimos ahora, con Internet, ni televisión, ni nada parecido, y se podían esconder muchos casos. Me da pena pensar en todos los casos que quizá se ocultaron de esa manera”.

Clint Eastwood reconoce, además, que esta crítica le servía también para denunciar la corrupción que, a pesar de todo, existe aún hoy en día:
"Sin duda existe una correlación con la corrupción actual, que es como la que existía entonces. Se trata de los egos del Departamento de Policía, que no pueden admitir que están equivocados , y vemos que eso ocurre con mucha frecuencia en estos días. Pero si puedo hacer esta afirmación en público, eso es bueno. Al mismo tiempo, no quería dejar de utilizar el lenguaje propio y la atmósfera de esa época en particular”.

Para documentarse, el equipo de película intentó ponerse en contacto con familiares y testigos, pero no fue nada fácil.
Clint Eastwood: “Buscamos gente que todavía estuviera viva, que no era el caso de ella. Se dijo alguna vez que no vivió mucho más después del momento en que interrumpimos la historia. Y hay otro historiador que apareció el otro día diciendo que ella vivió hasta los años 60. Pero lo que le sucedió y cuál fue su dilema dejó de tener vigencia para la época en que nosotros interrumpimos la historia”.

Pero lo que sí tenían claro era el tono de la película, un tono melancólico y de ensueño, al que Clint Eastwood ha añadido su propia música porque siente la historia como cercana y personal.
Clint Eastwood: "El escritor lo tuvo bastante en claro. Yo nací en San Francisco en 1930 y crecí en esa década, de manera que aún tengo fresco en la cabeza el lenguaje del lugar, o al menos en cierta medida (risas)… lo que queda del mismo… pero, de cualquier manera.., sí, lo recuerdo, mis padres eran muy jóvenes cuando yo era niño, y uno escucha y sabe lo que la gente decía entonces y lo que no dicen… eran muy distintos a cómo son ahora… Hemos estado muy observadores para descubrir ese misterio para hacer una película ambientada en 1928 en Los Ángeles, una ciudad que ha cambiado tanto durante todos estos años… En ese momento histórico era una ciudad muy centralizada y no muy grande. No, al menos, en comparación con Nueva York, o con Chicago, o hasta con San Francisco. De manera que han habido grandes cambios y volver ahí y hacer eso ahora es muy dificil, y requiere mucha investigación, exploración y una muy buena dirección artística”.

Clint Eastwood gesticula mucho con las manos mientras cuenta todo esto, está relajado, pero concentrado, viste un traje gris claro impecable y una corbata verde tierra. Se le ve con ganas de hablar de la película, pero entra al trapo con todo, incluso si se le pregunta por sus preferencias políticas.

Clint Eastwood: “…Mi hipoteca también se fue al diablo. No he estado muy activo en la política. Sí, soy una especie de… En efecto, comencé siendo republicano. En 1951, cuando era un joven de 21 años y estaba en el Ejército, quería votar por Dwight Eisenhower, porque, como todos los políticos, él prometía cosas. Por aquel entonces, él prometió que iría a Corea y que pondría fin a la Guerra de Corea. Ése fue un breve período. Pero el Partido Republicano, al igual que el Partido Demócrata, cambiaron profundamente en la década de 1950, en los años en que yo estuve involucrado, de manera que derivé a un punto de vista más libertario. El Partido Libertario nunca fue a ningún lado como partido, pero eso de dejar a todo el mundo en paz y de no regular de más y todo eso fue muy tentador para un tipo como yo, alguien que creció en los años 30 y vio a sus padres sufrir durante la Depresión, y que nunca quiso que le dieran nada a cambio de nada. Hoy en día, por supuesto, en la política, todo el mundo promete todo, y esa es la única manera de ser elegido, porque hay que prometerle a la gente toda clase de cosas… Dar coches nuevos, como en el show de Oprah Winfrey. “Te daremos cualquier cosa...”. En lo que a mí respecta, pienso que la política está pervertida. Por eso es difícíl conseguir… Ya se trate del Sr. Mc Cain o del Sr. Obama quien…, sea lo que sea que suceda con eso…, ¿quién sabe? Sé que se están haciendo muchas promesas, promesas sobre lo que la gente hará y no hará. Estamos en una época muy confusa. Tanto mi mujer como yo somos libertarios. Ella era demócrata y yo era republicano, y nos encontramos en algún punto en el medio de algún lugar...”.

La película “Changeling” se proyecta en el Festival tras el cortometraje documental “Wait for me” (“Espérame”), una delicia de apenas tres minutos, que cuenta la historia de Peg Dreyfous, una madre que continúa con la esperanza de reencontrarse con su hijo, que desapareció en el año 1985, cuando inició un viaje por España y de ahí hasta la India. Cuando John dejaba la casa de su madre le escribió una nota en la que decía: “Espérame”, y de ahí el título de la película y la incapacidad de su madre de romper su promesa. El director de esta película es
Ross Kauffman, que les sonará porque ganó el Oscar al Mejor Documental en el año 2005 por realizar junto a Zana Briski “Born into Brothels”, la película en la que enseñan fotografía a los hijos de las prostitutas del Barrio Rojo de Calcuta. Kauffman prepara ahora una serie para televisión sobre fotógrafos de guerra, y la versión de largometraje de “Wait for me”.

Por cierto, que Pedro y Agustín Almodóvar han acudido al Festival de Nueva York para apoyar una de sus producciones, "La mujer sin cabeza", de la directora argentina Lucrecia Martel. Y si no me creen, vean:


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Ari Folman, director de "Waltz with Bashir": "No me corresponde presentar la perspectiva de Palestina"

En los últimos años la evolución del cine documental ha parecido, por momentos, imparable. Algo asombroso fue el primer documental concebido para Second Life, el programa de vida virtual. Patrick Harrison lo realizó en el año 2003 para recoger el espíritu y las impresiones de catorce de los protagonistas de esta comunidad de internet (lo pueden ver aquí). Ahora, el documental de animación llega a incluso a Festivales como el de Cannes, y de ahí a la 46 edición del Festival de Cine de Nueva York, y hace dos propuestas: Una temática (mostrar en imágenes lo que no puede captar una cámara), y una propuesta artística de colores, iluminación, movimientos de cámara, y todos los aspectos técnicos que se puedan imaginar. Es, además, una declaración de intenciones que huye de los distintos puntos de vista equidistantes y propone la validez de lo estrictamente personal. La película de la que les hablamos se llama “Waltz with Bashir”, “Vals con Bashir”, y la dirige el israelí Ari Folman.

Ari Folman, curtido en el mundo del documental, quería hablar de la guerra, y tenía muy claro cómo hacerlo: “Esta película siempre fue concebida como una película de animación. Nunca pensé siquiera en la posibilidad de hacerla de ninguna otra manera, ni en que fuera una película de ficción, y definitivamente no como un documental clásico. Cuando me imaginé la película –aún antes de escribirla–, siempre la concebí con personajes dibujados y con animación. Mi trabajo anterior había sido un documental llamado 'The material that love is made of' ('El material con que el amor está hecho'), un documental de cinco horas de duración. De manera que empecé a trabajar haciendo documentales, y quizá eso influyó en la manera en que emprendí esta nueva película. Si uno observa todos los elementos que aparecen en esta historia, que son la pérdida de la memoria, los sueños, el subconsciente, alucinaciones, drogas, juventud, la pérdida de la juventud.. Para mí, la única manera de combinar todo eso en un guión era con animaciones. Como cineasta, sentí una libertad total para hacerlo”.


El director Ari Folman encara un tema duro, la Guerra del Líbano, con su estilo guerrero. Su semblante serio, el rostro marcado por huellas y otras cicatrices, mirada clara profunda, barba perfilada, pendiente en la oreja izquierda, y la imprescindible chaqueta de cuero negro, le acompañan invariables en sus explicaciones, más que rotundas.

Ari Folman: “La guerra de 1982 es una guerra completamente diferente por primera vez en la historia de Israel porque en los conflictos anteriores siempre habíamos sido atacados y habíamos pasado de la defensiva a la ofensiva… como sea la manera en que cada uno quiera verlo… Pero esta vez la historia fue completamente distinta. Fue la primera vez que las tropas israelíes invadieron ciudades con civiles, y se enfrentaron a civiles. Y como ustedes probablemente saben por la historia de este país (ustedes, periodistas norteamericanos), a veces, cuando uno enfrenta civiles en grandes ciudades, al regresar al hogar no se quiere hablar sobre el tema. No se trata de historias del campo de batalla donde se pueden generar episodios de valor y gloria. No hay nada glorioso en entrar en una gran ciudad como Beirut y arrasarla. Así que en cierta manera es una Guerra oculta, una Guerra sin glamour. Es una Guerra de la que nadie quiere hablar mucho. Y la primera vez que ocurrió eso fue, sin duda, en 1982”.


“Vals con Bashir” es un intento de reconstruir el puzzle de la memoria de lo que pasó durante la Guerra del Líbano, y para ello utiliza el sonido de siete entrevistas reales que incorpora a la animación.

Ari Folman: “Primero anuncié en internet que estaba buscando historias sobre la Primera Guerra del Líbano, y luego llevamos a cabo una larga investigación. Respondió más de un centenar de personas, y me pareció que de alguna manera estaban esperando la llegada de alguien que escuchara sus historias. Después escribí un guión de 90 páginas, basado principalmente en mi propia historia, no en todos los testimonios que teníamos. Y luego me di cuenta que el oído humano no podría tolerar el sonido ambiente real en una animación debido a todos los dibujos animados que hemos estado viendo desde que éramos niños. Por eso filmamos todo en un estudio de sonido. Todo. Todas las entrevistas, y todo lo que podíamos dramatizar en un estudio de sonido lo hicimos en ese estudio. Lo que quiero decir es que en lugar de hacer las entrevistas, por ejemplo, en un coche, nos sentábamos recreando que estábamos realmente allí, junto a un volante de plástico. No dibujamos sobre el vídeo, sino que dibujamos a partir de cero, de la nada. El vídeo era sólo una referencia, el vídeo y el sonido. Esto nos llevó cerca de cuatro años”.

El director Ari Folman cuenta todo esto porque la película utiliza un recurso que, no porque lo hayamos visto ya muchas veces, deja por eso de ser impactante y expresivo. Y es que, después de ver un largometraje hecho completamente de animaciones, la película se cierra con una secuencia de vídeo real de los horrores de la Guerra.

Ari Folman: “Siempre fue mi intención que la película incluyera un fragmento de material filmado. Lo que quería con esto era prevenir que alguien, en algún sitio, en cualquier lugar, saliera del cine pensando que había visto una película antibélica, con grandes dibujos y gran música, sin más. Quiero decir, que para mí era muy importante el estar hablando de un fin de semana en el que se mató a miles de personas, en su mayoría niños y mujeres desprotegidas, y gente mayor. Y para mí, eso le da a toda la película una perspectiva y un sentido de la proporción”.

Por supuesto, “Vals con Bashir” no es un documental al uso, y no sólo porque esté hecho con animaciones, sino porque no busca ninguna equidistancia, ni ser objetivo, ni mostrar todos los lados del conflicto, sino que elige un punto de vista personal.

Ari Folman: “Debo admitir que hace cinco años me resultaba muy tentador hacer una película de animación que mostrara todo el espectro de la matanza. Quiero decir, un soldado israelí, alguien del régimen falangista que participó en la matanza, y quizá un superviviente de los campamentos de Sabra y Shatila. Pero al final decidí concentrarme en hacer solamente una historia muy personal y desde mi punto de vista. No creo que me corresponda presentar la otra perspectiva, la del lado de la víctima, porque uno no puede estar en dos partes al mismo tiempo. Creo que parte de la emancipación, por ejemplo la de los palestinos, consiste en hacer sus propias películas sobre lo que les sucede a ellos. No veo que seamos nosotros quienes tengamos que hacer eso. Creo que algún día tendrán la fortaleza y el poder para hacerlo, y a mí me parece importante que lo hagan”.

Es una historia personal, además, porque el director estaba terminando el servicio militar justo durante la primera guerra. Lo explica así:

Ari Folman: “La segunda Guerra del Líbano fue para mí una muy mala experiencia, porque tuve un déjà-vu al mirar todos esos programas de noticias de televisión que mostraban las mismas aldeas en las que nosotros habíamos estado 25 años antes, y ahora estaba sucediendo exactamente lo mismo, como si no se hubiera aprendido nada de la primera mala experiencia. Puedo asegurar que fue muy deprimente. Había referencias de imágenes para dibujar por todas partes, la televisión, internet, lo inundaban todo”.

En cualquier caso, esta película es, en cierta manera, un homenaje a los ex soldados israelíes que llevarán la guerra en la memoria por el resto de sus días, y por eso el director se pregunta qué será de ellos.

Ari Folman: “Para mí, todas las formas de hacer cine son terapéuticas. Mi primera película de largometraje se basó en una novela escrita en la República Checa en la década de 1960, y que se llamada ‘Saint Clara’. Era la historia de un adolescente. Créanme, cerré un ciclo de mi vida con todos los profesores que había tenido en la adolescencia. Con cada uno de ellos, por separado. Y esta nueva película es autobiográfica y supone un proceso dinámico de terapia. No se trata simplemente de sentarse frente a un analista dos veces por semana y pagarle un montón de dinero. Uno viaja, conoce gente, habla con ellos, uno investiga en profundidad, escribe un guión, luego se reúne de nuevo con esas personas, las filma, edita, y trabaja en eso todo el tiempo durante años. Es, sin duda, un proceso terapéutico. Pero si tuviera que resumirlo en una línea diría que en el fondo, lo que importa es que hace cinco años, cuando veía una foto de mí mismo cuando tenía 19 años, me sentía completamente desconectado de ese tipo que había sido. Y ahora, si miro esa foto, puedo ver a ese tipo en mí. En el fondo, eso es lo que realmente importa. Sólo eso. En una escala mayor, puedo decir que desde que la película se estrenó en Israel hace cuatro meses, me vida ha cambiado completamente, y no sólo porque viajo mucho, sino porque adonde quiera que vaya –una boda, una fiesta— siempre termino sentado en un rincón con gente que no conozco y que me cuenta sus horribles historias de la Guerra, que emergen inesperadamente en ellos después de ver la película. No hay nada que les pueda decir, salvo que vayan y hagan una película con todo eso. Para muchos israelíes esta película reabre viejas heridas y les hace sentir la necesidad de hablar del pasado”.


“Vals con Bashir” ha ganado seis premios de la Academia de Cine Israelí y tuvo una larguísima ovación tras su proyección en el Festival de Cannes. De momento continúa su trayectoria por festivales, pero pronto se verá en cines y se publicará, para que juzguen ustedes mismos, en dvd.

Ari Folman: “La película se exhibió dos veces en Ramalla, y fue bien. Yo no pude ir porque nadie quiso asegurarme, y ellos no me dejaban ir si no estaba asegurado. Desde nuestra distribuidora se intentaron organizar proyecciones en Beirut, pero eso no funcionó. Y hasta ahora no ha funcionado. Vamos a distribuir algunos dvds allí, y lo haremos pronto, antes de que lo hagan ellos por su cuenta. Aparte de eso hubo artículos en ‘Shakir Al-Akhbar”, la revista árabe más importante, que se publica en Arabia Saudita. Se escribieron reseñas, eso lo sabemos con seguridad, y hubo un artículo largo en Al Jazeera, por supuesto, pero eso había ocurrido también en el pasado. Intentaremos no dejar de bailar con Bashir”.

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"Standard Operating Procedure" no se estrenará en los cines españoles

La distribuidora Sony Pictures ha enviado una nota para declarar que “Standard Operating Procedure” no se estrenará en los cines españoles. Su director, Errol Morris, presentó la película en el Festival de Tribeca, en marzo, y generó páginas y páginas de debates y controversias. La polémica estaba servida primero porque con el documental se trataba de reflexionar sobre aquellas fotografías que dieron al vuelta al mundo en las que la soldado norteamericana Sabrina Harman aparecía con el pulgar en alto junto a los cadáveres de los rehenes de la mayor prisión militar de Abu Ghraib. Y luego también se desató la discusión porque el director reconoció haber pagado a algunos de los protagonistas del documental para que hablaran, lo que favoreció que se replantearan las reglas, si las hay, del cine de no ficción.

Para saber algo más de esta noticia, hemos hablado con Juan Cordero, publicista de la compañía: "Por motivos comerciales, y que la película hace mucho que salió al mercado, han decidido no estrenarla en España finalmente y pasarla directamente a vídeo. Pero lo cierto es que nunca ha estado pendiente para estrenarla en cines. Hablé con la gente de vídeo, porque había un festival de cine en Barcelona que quería llevarla allí, pero me dijeron que está previsto que salga ya a la venta en dvd en enero".

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