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sábado, noviembre 17, 2007

"Absolute Wilson"

¿Usted sabe quién es Robert Wilson? Excéntrico, ambicioso, obsesionado por el lenguaje y la comunicación, indómito, adicto al trabajo, exitoso y maldito a la vez, Robert Wilson ha sido amado y odiado por el innegable magnetismo de sus superproducciones teatrales. Y, por primera vez, una película documental nos lo acerca para que podamos ver al detalle su genio creativo. “Absolute Wilson” es una película sobre el nacimiento y evolución de un artista. Lo cuenta de esta manera la directora Katharina Otto-Bernstein, que siguió al dramaturgo durante sus viajes por todo el mundo, y que sólo consiguió que Wilson empezara a sincerarse sobre su obra transcurridos cuatro años.

Katharina Otto-Bernstein: “He crecido en Alemania, donde el trabajo de Robert Wilson está muy en boga. Allí está reconocido como un gran artista, es omnipresente, una especie de estrella de rock del teatro. Él supera los límites del género y tiene una influencia considerable en el arte contemporáneo. Yo había visto sus óperas-rock con Tom Waits y con Lou Reed. Dicen que una vez que has visto un espectáculo de Robert Wilson, te haya gustado o no, ya nunca podrás olvidarlo… ¡y es verdad! No sabía nada de él ni de su vida, pero es porque es extremadamente pudoroso y no concede entrevistas”.

Imagen de Absolute Wilson. c. Sherlock Films.
Las vivencias infantiles, y los iconos familiares, marcan la trayectoria de la obra de Robert Wilson. Nada de intrincadas fuentes intelectuales, sólo los traumas de la vida. Y, por ejemplo, al igual que Wilson tuvo problemas de aprendizaje desde pequeño, con el tiempo se inspiraría en el esfuerzo de adaptación de los niños con problemas físicos y mentales. Les dio una oportunidad para vivir a través del arte y, a su vez, la forma estética en que estos niños veían el mundo se plasmó en una forma de hacer teatro que jamás se había visto antes.

Katharina Otto-Bernstein: “Robert Wilson era un extranjero que entró en el mundo del teatro como un extranjero. Creció en Texas, hijo homosexual del alcalde, en una América segregacionista. Hasta los cinco años tuvo dificultades de aprendizaje. No sólo tenía problemas de lenguaje, sino que también aprendió a andar muy tarde, tenía problemas de comprensión: un caso clínico típico de problema de desarrollo. Los niños con estos problemas tienen a menudo una memoria visual importante. Aún hoy, Robert utiliza a menudo dibujos para explicar las cosas durante una conversación. Así que no es sorprendente ver cómo sus puestas en escena extraen su fuerza de las imágenes más que del lenguaje. Utiliza a veces un lenguaje incoherente o reconstruido en un fondo sonoro, lo que, para algunos, es difícil de soportar. Sin embargo, si lo sitúas en el marco de su trabajo de terapeuta, de sus colaboraciones con personas autistas o sordomudas que podrían ser consideradas como sus alter egos, entonces todo cobra sentido”.

En efecto, cuando Robert Wilson le dijo a la directora eso de que él hace teatro y no sentido, dio en la clave, porque muchos alaban la inmensa belleza de sus producciones, pero no entienden qué demonios quiere decir con ellas. Vamos, que le han llovido críticas del tipo: “Doce horas de teatro sin historia”. Sí, han leído bien. Porque Robert Wilson ha llegado a hacer montajes de doce horas, e incluso de siete días, en escenarios naturales de Irán, y sin descanso ni para dormir ni para ir al baño ni para nada...


Por “Absolute Wilson” desfilan los testimonios de amigos y colegas del dramaturgo como la fallecida escritora Susan Sontag, o los músicos Philip Glass y Tom Waitts. Todos han admirado y colaborado con el rey de la iluminación y de las puestas en escena vanguardistas, el rey de los tratados sobre la incomunicación, y el rey de la fusión entre la más arriesgada coreografía y la ópera más complicada sobre el escenario. Es decir, que la película se acerca los más posible a uno de esos innovadores que hacen escuela. Y es que Robert Wilson dirige todos los veranos el Centro Watermill de Long Island, en Nueva York. Un laboratorio de artes y humanidades en el que aprendices de artistas de todo el mundo pueden absorber los consejos de Wilson para sus propios proyectos.

Katharina Otto-Bernstein: “Robert ha estado en quiebra muchas veces, pero hoy es uno de los directores de escena mejor pagados del mundo. Trabaja regularmente con la Scala de Milán, la Opera de Paris y el Metropolitan de Nueva York. Así que gasta todo su dinero en la Academia Watermill, un centro de arte donde se reúnen jóvenes artistas con el fin de asociar sus diferentes artes y crear otros nuevos. Para él, es más importante que su confort personal y que su seguridad”.

Tras su primer montaje teatral, el padre de Robert Wilson le dijo: “Hijo, no es sólo de mal gusto lo que has hecho, sino que además es anormal”. Hoy se le reconoce como a un genio, y pueden verle en “Absolute Wilson”.

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